Un día para la Tierra
El 22 de abril es el Día de la Tierra un símbolo que nos hermana sin fronteras en el universo porque “la tierra es de todos”.
Es importante tener un día para cada cosa. Un leiv motiv que sirva para trabajar, preparar conciencias y darnos cuenta que estamos a un paso de perder el único lugar que nos contiene.
Nuestras casas no son solamente las cuatro paredes donde residimos más allá del terreno que marque la escritura catastral, con simpleza o con lujos, aún con el más absoluto y aparente estado de pobreza. Todos y cada uno somos dueños totales y absolutos del planeta que habitamos.
El Día de la Tierra es el momento para reflexionar en el agua vital para la vida, en los recursos que descuidamos, los que malversamos e incluso los que derrochamos.
Respiramos porque el aire es gratis. Sabemos sin dudar que al despertar tendremos sobre nuestras cabezas un cielo azul, un sol brillante, una posibilidad de lluvias si el cielo se encapota o de miedo si el azul se vuelve negro y las nubes se desploman con furia sobre nosotros; los hombres a merced de los fenómenos que aún hoy no podemos controlar.
El Día de la Tierra es una reverencia por la vida y la fuente de la esencia que nos constituye como parte del planeta.
Un instante para sentir el poder invisible del viento que se mueve con sonidos a nuestro alrededor llevando vida y opciones a todos los rincones.
El planeta está preparado para ser perfecto. En todos los estratos y en todos los niveles “la armonía” es el nexo maravilloso que lo enlaza y lo protege.
Cielo y tierra. Inspiración de poetas, pintores y símbolo de esperanza del día que llega y de la profundidad del descanso.
Todo en nuestra tierra está creado para ser respetado, observado, escuchado y percibido en su totalidad con todos nuestros sentidos.
Honremos la vida en sus millones de formas. Convivamos pacíficamente con todas las especies pero fundamentalmente con cada uno de nosotros, humanidad depredadora de todos los bienes entregados.
La tierra es una sola y es nuestra casa, nuestro techo, nuestra cuna y nuestra mesa.
Si perdemos un pedazo de cielo, matamos las especies, eliminamos los lazos de amor invisibles y eternos que nos envuelven lamentaremos la soledad y el vacío cuando sólo queden las preguntas, los reproches y los lamentos.
Hoy la Tierra descansa de nosotros y resurge. Nos ofrece una lección milagrosa de recuperación. ¡De nosotros depende aprenderla!
