Malvinas en la memoria
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Malvinas en la memoria

Malvinas en la memoria

Hace treinta y ocho años sin saber cómo nos encontramos inmersos en una situación que parecía sacada de un libro de historia. Los argentinos íbamos a la guerra.

La guerra era una palabra grande. Era el simulacro de aquellos combates que proyectaban las películas famosas pero de otros sitios, con armamentos y equipos que nada tuvieron que ver con los de nuestras tropas.

Malvinas fue en aquel momento un grito de libertad impuesto pero sentido. Cuando nada hacía prever que el país entraría en combate comenzamos a despedir a nuestros hermanos, a los amigos, a los vecinos, a los miles de chicos que sin comprender asumían el compromiso de la historia real.

Muchos de nosotros nos despertamos sorprendidos con la noticia de la guerra tomando la bandera inglesa del mástil e izando la Argentina como un sueño real de patria grande.

La guerra era pasión, entusiasmo. La guerra era mito y también leyenda. La guerra era un pasaje a la historia.

Todos y cada uno de aquellos que fueron “vivieron” Malvinas. Todos y cada uno de los que quedamos, a nuestra manera, también la sentimos.

Malvinas era patria pero también era frío, viento, hambre, miedo, dolor, injusticia.

Malvinas era cielo y noche. Paisaje y lejanía. Impotencia y preguntas.

Malvinas conjugaba las lágrimas con el amor profundo y los valores innegociables.

Malvinas fue ejemplo de lo bueno que podemos hacer cada uno de nosotros como parte activa de un país y de lo malo que acarrea la mentira de los gobernantes que subestiman la inteligencia del pueblo.

Malvinas fue la guerra de nuestra generación. El dolor que se siente en los pies fríos y en el alma solitaria llorando en la trinchera sin tener nada con que luchar más que el coraje y los botines rotos.

Malvinas fue la lucha que nos cacheteó la memoria, que nos impuso la realidad y que nos enfrentó con los más grandes. No les ganamos pero tampoco perdimos.

A treinta y ocho años quedan latidos vivos que gimen, ojos lejanos que imploran, miedos guardados que tiemblan y una esperanza que jamás bajará los brazos.