Agustina Arregui y sus mil maneras de llamar a la concha
"Chocha de la vida" se presenta los días viernes13 y sábado 14 de marzo en San Rafael, como parte de la Gira me Vino... Me vino todo de golpe. Hasta las ganas de decirte que tengo más probabilidades de morir a manos de un femicida que del coronavirus... Fotos: Alexia Gildemeister y Julieta Bilbao.
Las respuestas de Conchaparrón viajaron de madrugada. Ella transita por el mundo y cada vez que escribe Concha, Chocha, o cualquier otro nombre para mencionar a la Vulva, lo hace con mayúscula. Es más, tiene un largo listado que conoceremos los días viernes 13 y sábado 14 de marzo cuando llegue a San Rafael para presentar “Chocha de la vida”, como parte de la Gira me Vino: Me vino todo de golpe. Hasta las ganas de decirte que tengo más probabilidades de morir a manos de un femicida que del coronavirus...
El viernes estará en el Centro Cultural Inca a las 21 horas y el sábado en el Centro Cultural Argentino a las 20.30 horas. Ambas presentaciones de este unipersonal de clown feminista, creado e interpretado por Agustina Arregui y dirigido por Andrés Caputo, estarán acompañados del conversatorio “Emancipación, Arte y Feminismos”.
En Divergente conversamos con Agustina, actriz, directora y profesora de teatro, quien estrenó “Chocha de la vida” en el año 2018.
-¿En cada país, ciudad o pueblo que visitas, vas descubriendo otros eufemismos para llamar a la concha? ¿Cuántos conoces?
-Lo primero que hago cuando llego a un lugar es preguntarle a las personas cómo nombran a la Chocha. ¡Hay que ver la obra para conocer el listado que recompilé! Son infinitas las posibilidades, algunas maneras son graciosas, otras da vergüenza repetirlas. Pero todas consiguen visibilizarla. Y ese es uno de mis propósitos en este juego de Chochas... Lo más valioso es que esa pregunta inicial es la puerta que abre luego profundas charlas.
-Háblame de “Chocha de la vida”, de su esencia y porqué te has quedado hace tiempo ya con este personaje
-La esencia de “Chocha de la vida” pasa por ser la respuesta a mi necesidad de hablar, denunciar, salir del silencio e invitar a otras a soltar la voz. El peso más denso que viví de niña fue mantener, durante 10 años, en secreto (conmigo) un abuso. También es la posibilidad de decir, nombrar, alivianar la mochila. Es un reencuentro con mi Concha, un reconocimiento, una revalorización. La obra habla de buscar nuevos caminos, de correrse de los trazados, de cuestionar, desdibujar límites y volverlos a inventar. Propone recuperar la autonomía, elegir hacia dónde y cómo ir. Y Conchaparrón es la protagonista. El espectáculo se iba a llamar así en un principio, cuando la obra no era más que una temática. Y la aparición de este ser fue indispensable para animarme a navegar la profundidad, para explorar y crear con generosidad. Ella es mi parte más valiente y hermosa.
-¿Crees que las mujeres de vez en cuando podríamos entablar una conversación con nuestra vulva?
-Siií. ¡Me encantaría! Después de preguntar cómo nombran a la Chocha suelo pedir que la dibujen. Y pasa que muchas veces se toman un tiempo para ir a mirarla con un espejo. Ese momento me parece precioso. Es urgente para la salud que pasemos más tiempo juntas, que la toquemos, la observemos, la estimulemos. Si hablamos con nuestra Vulva, puede que tengamos una Chocha más comprendida y feliz.
Agustina ya no es la misma
Ser payasa es su resiliencia. Cuando Agustina se pone la nariz roja siente una mezcla de sensaciones: cosquillas en la panza, vértigo, ansiedad, felicidad, pedos, un ayyyyy, y agradecimiento. “Ponerme la nariz roja me hace sentir parte de una tribu, ancestral y eterna”. Con este arte se encontró en un viaje, de esos que se emprende pensando en no volver más. Así fue para Agustina. “Suena romántico pero la que volvió no era la Agustina que se había ido. Y en eso la técnica del clown me significó un gran aporte. Me invitó a llorar todo lo que había reído y a reír todo lo que había llorado. Es un lenguaje que te propone, primero de todo, la sinceridad. Primerísimamente con vos misma. Y la coherencia, en un universo colmado de incoherencias. Es lo más cercano a la magia que vivencié".
-¿Es difícil ser payasa?
-Sí. Por momentos me parece muy difícil, hasta indescifrable. Lo que busco en este camino de ser payasa es descubrirme cada día más humana.
-¿Cuáles son las herramientas de un payaso?
-Las herramientas... Así como une carpintere tiene su madera, martillo, serrucho y clavos, les payases tienen máscara, juego, mirada y público. Las consignas siempre son excusas, como decía una maestra payasa... El estado es la fuerza de voluntad de cualquier trabajador de oficios, y la verdad su inspiración. El payaso precisa del cuerpo y la inteligencia payasa para apareSer en escena.
-¿Te gusta interactuar con la gente, estar cerca?
- Me parece como si lo hubiese hecho toda la vida, pero es bien diferente el contacto del clown con el público que el de un actor con les espectadores de teatro. Hay un diálogo que transita entre la atención que se presta y la emoción que se suscita. La interacción con el público enciende, inspira, retroalimenta.
-¿Cómo encontraste la inspiración para ser clown?
-En un retiro de Clown y Yoga, en Santiago de Huata (Bolivia), en el año 2012, al que llegué por un amigo actor y clown Gonzalo Alfonsin, tuve dos maestres que me enamoraron: Julia Castillo y Lucas Cristófaro. La energía que manejaban y el mundo que me presentaron fue como un flechazo de amor a primera vista... Algo así como "Ya nos conocíamos de otra vida... Dónde te habías metido todo este tiempo?"
-¿Ser clown es algo serio? ¿Requiere mucha preparación?
-Me encanta que sea tan serio el arte de hacer reír. Esas dicotomías en las que se mueve este lenguaje son belleza pura. Requiere preparación física, se juega con el cuerpo, emocional, se precisa estar vulnerable, mental, para estar despierta y veloz en lo que va sucediendo (aunque haya una estructura siempre la improvisación es un recurso que se utiliza y está ese "algo" que aporta el público que se transforma cada vez se renueva). La capacidad de reinventarse se entrena también y es un viaje que precisa compañía.
-¿Qué es lo mejor de hacer Teatro?
-Lo mejor es el ejercicio de habitar constantemente el aquí y ahora, que se nos escapa con tanta frecuencia en la cotidianeidad. Estar presente en eso tan simple, en algo tan esencial como es el jugar.
